







ENJAMBRES
A veces sueño con una montaña. Un desvío de los caminos habituales conduce, mediante atajos muy cercanos a lo conocido, a cumbres escarpadas desde las que se ve el atardecer. Es como si tras las superficies cotidianas se escondieran paisajes asombrosos. De hecho, están ahí. No hace falta sino buscarlos un poco. Testamento a la vez de nuestra psicótica desconexión del entorno que nos envuelve, y de la posibilidad de tejer de nuevo esa red de circuitos en nuestra mirada.
Supongo que todo empezó con los páramos. Busqué varios años un asomo de sentido en la bruma. Oí susurros de los ciclos enrevesados del tiempo. Allá en esas alturas donde nacen las aguas, también están presentes la selva y el mar.
Después, los viajes por distintos pisos térmicos llevaron a una exploración de la unidad en la multiplicidad. Las visiones de Humboldt y los geógrafos ilustrados de las complejas interdependencias que ensamblan esa totalidad se quedan cortas ante las sofisticadas cosmovisiones indígenas de las que, a decir verdad, sé muy poco. Quizás la pérdida de la magia y el mito sean parte del problema: la hegemonía de un saber-poder que hace del mundo natural un objeto a ser apropiado y dominado. Todos los días vivimos las consecuencias de esa enajenación. El cataclismo ecológico al que nos enfrentamos.
Sé que mi práctica fotográfica forma parte de esas mismas tradiciones. Pero espero que no sea solo eso. También es, creo yo, un deslumbramiento, una celebración y quizás un réquiem por un mundo perdido. El viejo sueño mimético, que está inscrito en la genética del medio fotográfico, tiene una dimensión mágica. La recombinación de unos fragmentos resquebrajados. De algo parecido hablan algunos cabalistas (y todos los místicos) – tikkun olam— hacer completo lo que se quebró en mil pedazos en una estrepitosa explosión primigenia que a la vez creó y destruyó todo.
El antropólogo Eduardo Kohn escribe que “los “los pensamientos pensamientos que genera un un bosque vienen en forma de imágenes”. Yo también, de vez en cuando, intento pensar por medio de imágenes. Intuyo que la fotografía en la actualidad no solamente puede pensarse a sí misma, diagnosticar una y otra vez su obsolescencia y muerte, sino representar este tipo de visiones. Sigue habiendo una emanación del referente que registra una superficie fotosensible. Y una urgencia de documentar lo que algún día va a desaparecer.
Miguel Winograd. 2023.